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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El humanismo a lo largo de la historia: Introduccuion, humanismo, humanismo antropocentrico, humanismo cristiano, humanismo empirico, humanismo existencialista, Sartre, Heiddeger, humanismo historico, desarrollo del huamanismo, humanismo historico, situacion del humanismo historico, humanismo Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 8398 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Fuente: www.paginamendocinas.com
El
humanismo ha sido mencionado por diversas culturas y en diversas épocas.
Generalmente se quiso hacer referencia a lo humano y desde allí explicar al
mundo y sus diversas experiencias en él. Pero nos encontramos que hay diversos
humanismos y cada uno de ellos tiene al hombre en un determinado emplazamiento.
Este
emplazamiento es de vital importancia, ya que permitirá interpretar los
fenómenos humanos y físicos de un modo u otro. Aquí incluyo un párrafo de Silo
donde aclarara este aspecto en su discurso magistral en la Academia de Ciencia
de Moscú, nos dice; "...no estamos hablando del Humanismo histórico, del
de las letras y las artes que se constituyó en motor del Renacimiento y que
rompió las ataduras oscurantistas de
aquella larga noche medieval. El Humanismo histórico tiene su caracterización
precisa y de él nos sentimos continuadores no obstante la falsedad de ciertas
corrientes confesionales actuales que
se autotitulan "humanistas"... no puede haber Humanismo allí donde se
ponga algún valor por encima del ser
humano. Debo destacar, además, que el Humanismo extrae su explicación del mundo, de los valores, de la
sociedad, de la política, del Arte y de la Historia, básicamente de su
concepción del ser humano".
Explicando
la relación de la actual crisis de la civilización y el humanismo, agrega
finalmente; "Aunque no abundemos más en su caracterización queda en claro
que estamos considerando el tema del
Humanismo como conjunto de ideas, como quehacer práctico, como corriente
de opinión y como posible organización
que lleve adelante objetivos de transformación social y personal, dando acogida en su seno a particularidades
políticas y culturales concretas sin que estas
desaparezcan como fuerzas de cambio diferentes pero convergentes en su
intención final. Flaco favor haría a
este momento de cambio, quien se sintiera destinado a hegemonizar y universalizar una determinada tendencia
precisamente en el momento de la descentralización y del clamor de reconocimiento de las particularidades
reales." (1)
Los
verdaderos humanistas colaboraron en diversas épocas y colaboran actualmente,
sin que se los conozcan como tales. El solo echo de bregar por un mundo justo,
solidario, no violento, pluralista, ampliamente participativo, con respeto
hacia la diversidad, la cooperación, la tolerancia y la paz, hace a los valores
de un humanista.
Pero
cual es el marco actual de nuestra cultura?. La idea de "cultivo de las
capacidades humanas" subyacente en la etimología de la palabra cultura es
muy antigua., "Los griegos distinguieron a este tipo de construcciones
como diferentes a las naturales, aunque adoptaron posturas diversas a la hora
de establecer una preeminencia. Hoy, sobre todo a partir de estudios antropológicos,
hay acuerdo en diferenciar la realidad humana de la naturaleza, considerando a
la primera como cultura", nos dice el Lic. L.A. Ammann en sus propuestas
humanistas. (2)
Mas
adelante leemos que: "El tema de la cultura está teñido de ideología. Más
que en cualquier otro asunto, el sujeto y el objeto cultural son solo
definibles desde una visión del mundo. En la cultura hay valores incorporados, tanto en los objetos materiales
trabajados por un artista como en las construcciones intangibles: normas,
costumbres creencias, leyendas, mitos, teorías científicas, etc..Este es uno de
los rasgos - la incorporación de valores - que hace que la cultura sea posible
solo en el campo humano." , luego para ampliar la definición de lo humano
dentro del mundo natural, expresa
"Existen dos diferencias de fondo: la ausencia de valores en la
vida animal y la falta de intención. Toda la actividad animal es el resultado
de instintos, mientras que el hombre es
el único ser viviente dotado de intención", y aquí se esta refiriendo a un
aspecto central en el pensamiento humanista, respecto a la intencionalidad,
como atributo fundamental en la concepción del hombre sobre todo los demás
organismos vivientes. En este punto mencionamos a Silo, ideólogo del movimiento
humanista en uno de sus escritos "...
me es insuficiente la definición del ser humano por su sociabilidad, ya
que esto no hace a la distinción con numerosas especies, tampoco su fuerza de
trabajo es lo característico, cotejada con la de animales más poderosos; ni
siquiera el lenguaje lo define en su esencia, por que sabemos de códigos y
formas de comunicación entre diversos animales. En cambio, al encontrarse cada
nuevo ser humano con un mundo modificado por otros y ser constituido por ese mundo intencionado, descubro su
capacidad de acumulación e
incorporación a lo temporal, descubro su dimensión histórico - social, no
simplemente social. Vistas así las
cosas, puedo intentar una
definición diciendo: el ser humano es el ser histórico cuyo modo
de acción social transforma a su propia naturaleza. Si admito lo anterior,
habré de aceptar que puedo transformar intencionalmente hasta su constitución
física", mas adelante Silo afirma: ".... nosotros sostenemos la necesidad de arranque desde la
particularidad humana; sostenemos el fenómeno histórico - social y no natural
del ser humano y también afirmamos la actividad de su conciencia transformadora
del mundo, de acuerdo a su intención"(3).
Por
lo tanto los humanistas definimos a la cultura como la forma de desplegar en el mundo la intencionalidad humana. Silo
se refiere a la intención en estos términos: "La intención es un concepto
complejo que revela la unidad e interacción de diferentes procesos que
predeterminan tal o cual conducta
práctica del ser humano. La intención agrupa en sí una cadena de
acontecimientos: 1º El enjuiciamiento
intuitivo o racional de este deseo como una aspiración de algún objetivo; 2º La
formulación para sí y para los demás
del sentido de este objetivo; 3º La elección de los medios para su consecución;
4º La acción práctica para su realización. De este modo podemos concebir una
intención como determinado fundamento, fuerza, energía de cualquier obra
creadora del ser humano, incluida la creación de su propia vida. Sin intención
no hay existencia ". Y continúa "Mas
rigurosamente, la intencionalidad
ha sido definida desde Brentano en adelante como la característica
fundamental de la conciencia. Ya con el arribo y desarrollo del método
fenomenológico de Husserl y el aporte de las corrientes de la existencia
(existencialismo), la intencionalidad aparece como lo sustantivo de todo
fenómeno humano".
Esta
visión permitiría afirmar que la intencionalidad sería el motor que operaría en
el medio social y en el medio interno del ser humano. Esta intencionalidad
recorrería el pasado, el presente y el
futuro en la conciencia para operar en el mundo, por lo tanto toda creación sea
de instituciones (en el mundo) como en el aprendizaje (en la conciencia), está
ella presente.
Aquí
no podemos dejar de mencionar, la visión especial que tienen corrientes
actuales ligadas a la derecha y los círculos que retienen el poder sobre lo
humano, L. Ammann nos amplia este aspecto en el siguiente párrafo; " La
fuerza referencial de sus esquemas interpretativos y sus empeños, son por la
conservación de axiomas que afirman el pasado. Sus más modernas producciones
están teñidas de pesimismo en el ser humano, aunque no exentas de audacia.
"El fin de la historia", "La muerte de las ideologías", se
han presentado como el mas reciente esfuerzo de modernidad, pero
resultaron un truco de ilusionista,
vacío de contenido". Mas adelante agrega "Ha sido ingenioso pretender
que la humanidad había llegado a su máximo nivel de desarrollo con un sistema
económico - político -el neoliberal- que se pretendió instalar como si fuera la
realidad misma", luego afirma "Sin embargo la carencia de soluciones
para los problemas del hombre en sociedad y el intento por poner al ser humano
en segundo plano también han fracasado", mencionando los fracasos de la
cultura del libre mercado, que termina siendo para unos pocos, relegando la
existencia humana a un segundo plano. Luego se visualiza la cultura, desde
estas miradas de la derecha, como producto de una nacionalidad, de una etnia
determinada y que es determinante de resultados.
El
pasado como tiempo de la conciencia
predominante en esa visión, la postergación del hombre, el pesimismo en sus
posibilidades, el énfasis puesto en la "otra vida", el intento de
separar la cultura de la ideología, el predominio del individuo sobre la
sociedad y la cultura como producto nacional, son los rasgos constitutivos de
esta visión conservadora.
1.
Práctica y/o teoría del Nuevo Humanismo (*).
2. Toda posición que sostiene los valores definidos por la actitud
humanista (*). 3. Toda actividad
práctica de compromiso con los valores definidos por la actitud humanista. 4. Cualquier doctrina que proclama la
solidaridad y libertad de elección del ser humano, puede ser llamada
"un" h.
HUMANISMO ANTROPOCENTRICO.
Se
considera a la postura que se basa en la ubicación central del ser humano
excluyendo, en general, todo planteamiento teísta. Por otra parte, el humanismo antropocéntrico rechaza el dominio
de un ser humano por otro, desplazando su acción hacia el control de la
naturaleza, definida como el medio sobre el cual se debe ejercer un poder
irrestricto. Las diferencias con el
Nuevo Humanismo (*) están dadas porque éste parte de la posición central del
ser humano, pero no descarta a las posturas teístas. Por otra parte, considera a la naturaleza no como un medio pasivo
sino como fuerza actuante en interacción con el fenómeno humano. Por consiguiente, el impulso por las mejoras
individuales y sociales debe tener en cuenta el impacto humano sobre la
naturaleza, cosa que impone limitaciones no solamente morales, sino que debe
reflejarse en el sistema legal y en la planificación ecológica.
HUMANISMO CRISTIANO.
Es
un caso de humanismo filosófico (*).
Pasamos
a citar a S. Puledda en su libro Interpretaciones del Humanismo (El Humanismo
Cristiano).
"La
interpretación del Cristianismo en clave humanista se debe encuadrar en el
proceso general de revisión y de adaptación de las doctrinas cristianas al
mundo moderno, con respecto al cual la Iglesia había adoptado durante siglos
una posición de rechazo o de abierta condena.
Comúnmente se considera que el viraje de la Iglesia comienza a partir de
la encíclica Rerum Novarum de León XIII (1891). Con esta encíclica la Iglesia trató de darse una doctrina social
que pudiera contraponerse al liberalismo y al socialismo. La Iglesia autorizó la formación de partidos
de masas de inspiración cristiana y se repropuso como portadora de una visión
del mundo y de una ética capaces de dar respuesta a las necesidades más
profundas del hombre moderno. Es en
este intento donde se encuadra el humanismo cristiano cuyo iniciador puede ser
considerado J. Maritain. Este había
sido primero alumno de Bergson, y después había adherido al socialismo
revolucionario. Insatisfecho de ambas
filosofías, en 1906 se convirtió al Catolicismo. Fue uno de los exponentes más notables de la así llamada
neoescolástica o neotomismo. Es decir,
de aquella corriente del pensamiento católico moderno que se remonta
directamente a Santo Tomás de Aquino y, a través de él, a Aristóteles, cuyo
pensamiento Santo Tomás había adaptado a los dogmas cristianos. La de Maritain es, entonces, una posición cultural
que se contrapone radicalmente a la tendencia más general del pensamiento
moderno del Renacimiento en adelante.
En efecto, fue precisamente contra la escolástica tomista (la expresión
más típica del pensamiento medieval), que se habían lanzado los humanistas del
Renacimiento. De este modo, Maritain da
un salto hacia atrás, más allá del Renacimiento. Y hace esto porque es precisamente en el humanismo renacentista
donde descubre los gérmenes que han llevado a la crisis y al resquebrajamiento
de la sociedad actual. Con esto él no
pretende explícitamente revalorizar el Medioevo y la visión cristiana ligada a
aquel periodo, sino retomar el hilo de una evolución histórica del Cristianismo
y de su perfeccionamiento en la sociedad que, según su visión, han sido
comprometidos por el pensamiento moderno, laico y secular. En su libro Humanismo Integral, Maritain
examina la evolución del pensamiento moderno desde la crisis de la Cristiandad
medieval al individualismo burgués del siglo XIX y al totalitarismo del siglo
XX. En esta evolución él ve la tragedia
del humanismo 'antropocéntrico' (así lo llama), que se desarrolla a partir del
Renacimiento. Este humanismo, que ha
llevado a una progresiva descristianización de Occidente es una metafísica de
la 'libertad sin la Gracia'.
He
aquí las etapas de esta decadencia progresiva: 'Con respecto al hombre, se
puede notar que durante el primer período de la época moderna, ante todo con
Descartes y luego con Rousseau y Kant, el racionalismo había construido de la
personalidad del hombre una imagen soberbia y espléndida, indestructible,
celosa de su inmanencia y autonomía y, finalmente, buena por esencia'. Pero esta soberbia racionalista que primero
eliminó todos los valores tradicionales y trascendentes y luego, con el
idealismo, hasta la noción de realidad objetiva, ha generado ella misma su
propia destrucción. Primero Darwin y
después Freud asestaron los golpes mortales a la visión optimista y progresista
del humanismo antropocéntrico. Con
Darwin el hombre descubre que no existe discontinuidad biológica entre él y el
mono. Pero no sólo esto: entre él y el
mono ni siquiera existe una verdadera distinción metafísica, es decir, no hay
un cambio de esencia, un verdadero salto en calidad. Con Freud, el hombre descubre que sus motivaciones más profundas
están dictadas en realidad por la libido sexual y el instinto de muerte. Al final de este proceso dialéctico
destructivo, ya se han abierto las puertas a los totalitarismos modernos. Concluye Maritain: 'Después de todas las
disociaciones y los dualismos de la época humanística... asistimos a una
dispersión y una descomposición definitivas.
Lo que no impide al ser humano reivindicar más que nunca la propia
soberanía, pero ya no más para la persona individual. Esta ya no se sabe dónde está y se ve solo disociada y
descompuesta. Está ya madura para
abdicar a favor del hombre colectivo, de aquella gran figura histórica de la
humanidad de la cual Hegel ha hecho una teología y que, para él, consistía en
el Estado como su perfecta estructura jurídica, y que con Marx consistirá en la
sociedad comunista con su dinamismo inmanente'. Al humanismo antropocéntrico, cuya evolución ha descrito así,
Maritain contrapone un humanismo cristiano, que él define como 'integral' o
'teocéntrico'. He aquí cómo se expresa:
'Somos así llevados a distinguir dos tipos de humanismo: un humanismo
teocéntrico (*), o verdaderamente cristiano y un humanismo antropocéntrico (*)
del cual son responsables el espíritu del Renacimiento y el de la
Reforma... El primer tipo de humanismo
reconoce que Dios es el centro del hombre, implica el concepto cristiano del
hombre pecador y redimido, y el concepto cristiano de La Gracia y la
libertad. El segundo cree que el hombre
mismo es el centro del mundo, y por lo tanto de todas las cosas, e implica un
concepto naturalista del hombre y de la libertad... Se entiende por qué el
humanismo antropocéntrico merece el nombre de humanismo inhumano y que su
dialéctica deba ser considerada la tragedia del humanismo'.
Al
humanismo teocéntrico, Maritain le confía la tarea de reconstruir un mundo
orgánico que reconduzca la sociedad profana bajo la guía de los valores
cristianos. La interpretación cristiana
que Maritain dio del humanismo fue acogida en forma entusiasta en algunos
sectores de la Iglesia y entre varios grupos laicos. Por otra parte, inspiró numerosos movimiento católicos
comprometidos con la acción social y la vida política, resultando ser un arma
ideológica sobre todo contra el Marxismo.
Pero esa interpretación recibió también críticas demoledoras en ámbitos
filosóficos no confesionales. En primer
lugar, se observó que la tendencia racionalista que aparece en la filosofía
posrenacentista y que Maritain denuncia en Descartes, Kant y Hegel, se puede
hacer remontar a la Escolástica tardía e inclusive al pensamiento de Santo
Tomás. Esta tendencia, que llevará a la
crisis y a la derrota de la razón, no es un producto del humanismo
renacentista, sino más bien del tomismo.
Para estos críticos, Maritain cumplió con una obra colosal de
mistificación y de camuflaje, casi un juego de prestidigitación filosófica,
atribuyendo al Renacimiento una responsabilidad histórica que por el contrario
pertenece al pensamiento cristiano medieval tardío. La filosofía cartesiana que se encuentra a la base del
pensamiento moderno, en su racionalismo se reconecta mucho más con Santo Tomás
que con el neoplatonismo y el hermetismo místico del Renacimiento. Las raíces de la 'Soberbia de la Razón' de
la filosofía moderna deben ser buscadas, por consiguiente, en la pretensión del
tomismo de construir una teología intelectualista y abstracta. En segundo lugar, la crisis de los valores y
el vacío existencial al cual ha llegado el pensamiento europeo con Darwin,
Nietzsche y Freud no es una consecuencia del humanismo renacentista, sino por
el contrario deriva de la persistencia de concepciones cristianas medievales
dentro de la sociedad moderna. La
tendencia al dualismo y al dogmatismo, el sentimiento de culpa, el rechazo del
cuerpo y el sexo, la desvalorización de la mujer, el terror a la muerte y al
infierno, son todos residuos del cristianismo medieval, que aún después del
Renacimiento han influido fuertemente en el pensamiento occidental. Aquellos determinaron, con la Reforma y la
Contrarreforma, el ámbito sociocultural en el cual el pensamiento moderno se ha
desarrollado. La esquizofrenia del
mundo actual, la 'dialéctica destructiva' de Occidente (sobre la cual Maritain
insiste) deriva, según estos críticos, de la coexistencia de valores humanos y
antihumanos, y debe ser explicada como el intento doloroso y por liberarse de
esa pugna interna".
HUMANISMO EMPIRICO.
Todo
humanismo que se da en la práctica, sin presupuestos históricos o
filosóficos. El humanismo empírico es
el caso claro y cotidiano en el que se ejercita la actitud humanista (*).
HUMANISMO EXISTENCIALISTA.
Es un caso de humanismo filosófico (*).
Inmediatamente
después de la Segunda Guerra Mundial, el panorama cultural francés se ve
dominado por la figura de Sartre y por la corriente de pensamiento, el
Existencialismo (*), que él contribuyó a difundir a través de su obra de
filósofo y novelista, y a través de su "engagement" o compromiso
político-cultural. La formación
filosófica de Sartre se lleva a cabo en los años treinta en Alemania y es
influenciada sobre todo por la escuela fenomenológica de Husserl y de
Heiddeger. En el nuevo clima político
de posguerra y en la confrontación con el Marxismo y el humanismo cristiano,
Sartre se esforzó por elaborar los aspectos ético-políticos de su
existencialismo, recalificándolo como doctrina humanista, fundada sobre el
compromiso y la asunción de responsabilidades históricas, activa en la denuncia
de todas las formas de opresión y alienación.
Es entonces con esta intención que Sartre escribió, en el año 1946,
"El existencialismo es un humanismo". Ese ensayo fue una versión levemente modificada del texto de la
conferencia que, sobre el mismo tema, diera en el Club Maintenant en París.
Sartre
Sartre
presenta y defiende la tesis de que el existencialismo es un humanismo, del
siguiente modo: "Muchos se maravillarán de que aquí se hable de
humanismo. Veremos en qué sentido lo
entendemos como tal. En todo caso
podemos decir inmediatamente que entendemos como existencialismo a una doctrina
que hace posible la vida humana y que, por otra parte, declara que toda verdad
y toda acción implican tanto un ambiente como una subjetividad humana. Nuestro punto de partida es, en efecto, la
subjetividad del individuo, y esto por razones estrictamente filosóficas... No
puede haber, en principio, otra verdad que esta: yo pienso, por lo tanto
soy. Esta es la verdad absoluta de la
conciencia que se aprehende a sí misma.
Toda teoría que considere al hombre fuera del momento en el cual él se
alcanza a sí mismo, es antes que nada, una teoría que suprime la verdad, porque
fuera del "cógito" cartesiano todos los objetos son solamente
probables y una doctrina de probabilidad que no esté sostenida por una verdad,
se hunde en la nada. Para describir lo
probable, es preciso poseer lo verdadero.
Entonces, para que exista una verdad cualquiera, necesitamos una verdad
absoluta; y ésta es simple, fácil de lograr, puede ser entendida por todos y
consiste en aprehenderse a sí mismo sin intermediarios. Además, esta teoría es la única que da una
dignidad al hombre, es la única que no hace de él un 'objeto' ". Pero diversamente de cuanto ocurre en la
filosofía cartesiana, para Sartre el "yo pienso" reenvía directamente
al mundo, a los otros; la conciencia en su intencionalidad es siempre
conciencia de algo. Continúa Sartre:
"De esta manera el hombre que se aprehende a sí mismo directamente con el
'cógito' descubre también a todos los demás, y los descubre como condición de
su propia existencia. Él cae en cuenta
de que no puede ser nada... si los otros no lo reconocen como algo. Para obtener una verdad cualquiera sobre mí
mismo, es necesario que la consiga a través del otro. El otro es tan indispensable para mi existencia, como para el
conocimiento que yo tengo de mí. En
estas condiciones el descubrimiento de mi intimidad me revela al mismo tiempo
al otro como una libertad puesta frente a mí, la cual piensa y quiere solamente
para mí o contra mí. Así descubrimos
inmediatamente un mundo que llamaremos la intersubjetividad, y es en este mundo
que el hombre decide sobre lo que él es y sobre lo que los otros son".
Después
de esta premisa metodológica, Sartre pasa a definir lo que es el hombre para el
Existencialismo. Todos los
existencialistas de distinta extracción, cristiana o atea, incluso Heiddeger,
para Sartre concuerdan en esto: que en el ser humano la existencia precede a la
esencia. Para aclarar este punto,
Sartre usa el siguiente ejemplo: "Cuando se considera un objeto fabricado,
como por ejemplo un libro o un cortapapel, se sabe que tal objeto es obra de un
artesano que se ha inspirado en un concepto.
El artesano se ha referido al concepto de cortapapel y, al mismo tiempo,
a una técnica de producción preliminar que es parte del concepto mismo y que en
el fondo es una receta. Por lo tanto,
el cortapapel es, por un lado, un objeto que se fabrica de una determinada
manera y, por otro, algo que tiene una utilidad bien definida... Diremos entonces, por lo que concierne al
cortapapel, que su esencia (es decir, el conjunto de los conocimientos técnicos
y de las calidades que permiten su fabricación y su definición), precede a la
existencia... En la religión cristiana,
sobre la cual se ha formado el pensamiento europeo, el dios creador es
concebido como un sumo artesano que crea al hombre inspirándose en una
determinada concepción, la esencia del hombre, tal como el artesano común crea
el cortapapel... En el Setecientos, la
filosofía atea ha eliminado la noción de dios, pero no la idea de que la
esencia del hombre precede a su existencia.
Según tal concepción, 'esta naturaleza', o sea, el concepto de hombre,
se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un
ejemplo particular de un concepto universal: el hombre... Pero el existencialismo ateo que yo
represento -prosigue Sartre-, es más coherente. Si Dios existe, hay por lo menos un ser en el cual la existencia
precede a la esencia, un ser que existe antes de ser definido por algún
concepto.
Heiddeger
Pero
en el caso del existencialismo ateo, este ser es el hombre, o como dice Heiddeger,
la realidad humana. ¿Qué significa en
este caso que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre ante todo existe, se encuentra, surge en
el mundo, y que luego se define. El
hombre, según la concepción existencialista no es definible, en cuanto al
principio no es nada. Será sólo
después, y será cómo se habrá hecho".
Y más adelante Sartre precisa: "El hombre no es otra cosa que lo
que se hace. Este es el primer
principio del Existencialismo. Y es,
también, aquello que se llama la subjetividad que se nos reprocha con este
mismo término. Pero, ¿qué queremos
decir nosotros con esto, sino que el hombre tiene una dignidad más grande que
la piedra y la mesa? Nosotros queremos
decir que el hombre, en primer lugar, existe, o sea, que él es en primer lugar
aquello que se lanza hacia un porvenir y aquello que tiene conciencia de
proyectarse hacia el porvenir. El
hombre es, al comienzo, un proyecto que vive así mismo subjetivamente... nada
existe antes de este proyecto... el hombre, antes que nada, será todo aquello
que habrá proyectado ser".
Así,
para Sartre, se trata de deducir coherentemente todas las consecuencias
posibles del hecho de que Dios no existe.
El hombre construye, en la existencia, su esencia en un primer momento
como proyecto y después a través de sus acciones. Pero en este proceso de autoconstrucción, el hombre no tiene a
disposición reglas morales que lo guíen.
Refiriéndose a uno de los inspiradores del Existencialismo, Dostoievsky,
Sartre dice: "Dostoievsky ha escrito: 'Si Dios no existe, todo está
permitido'. He aquí el punto de partida
del Existencialismo. Pero... si Dios no
existe no encontramos frente a nosotros, valores u órdenes que puedan legitimar
nuestra conducta. Así, no tenemos
detrás de nosotros ni delante de nosotros, en el luminoso reino de los valores,
justificaciones o excusas. Estamos
solos, sin excusas. Situación que creo
poder caracterizar diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo
y, no obstante libre, porque una vez lanzado al mundo, es responsable de todo
lo que hace. El hombre, sin apoyo ni
ayuda, está condenado en todo momento a inventar al hombre... Cuando decimos que el hombre se elige,
entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero con esto también queremos
decir que cada uno de nosotros, eligiéndose, elige por todos los hombres. En efecto, no existe tan siquiera uno de
nuestros actos que, creando al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo
una imagen del hombre que nosotros juzgamos deba ser. Elegir esto, más bien que esto otro, es afirmar, al mismo tiempo,
el valor de nuestra elección ya que no podemos jamás elegir el mal; aquello que
elegimos es siempre el bien y nada puede ser bien para nosotros sin serlo para
todos".
Sobre
estas bases Sartre construye su ética de la libertad: "...Cuando en un
plan de total autenticidad, yo he reconocido que el hombre es un ser en el cual
la esencia está precedida por la existencia, que es un ser libre el cual puede
solo querer, en diversas circunstancias, la propia libertad, he reconocido al
mismo tiempo que yo puedo sólo querer la libertad de los otros". La ética de Sartre no se funda sobre el
objeto elegido, sino sobre la autenticidad de la elección. La acción no es necesariamente gratuita,
absurda o infundada. En efecto, es
posible dar un juicio moral aunque no exista una moral definitiva y cada uno
sea libre de construir la propia moral en la situación en la cual vive,
eligiendo entre las distintas posibilidades que se le ofrecen. Este juicio moral se basa en el
reconocimiento de la libertad (propia y de los otros) y de la mala fe. Veamos como lo explica Sartre: "Se
puede juzgar a un hombre diciendo que está en mala fe. Si hemos definido la condición del hombre
como libre elección, sin excusas y sin ayuda, quien se refugie detrás de la
excusa de sus pasiones, quien invente un determinismo, es un hombre de mala
fe. Pero se puede replicar: ¿Y si yo
quiero estar en mala fe? Respondo: No
hay ninguna razón para que usted no lo esté.
Pero yo afirmo que usted está en mala fe y que la actitud de estricta
coherencia es la actitud de buena fe. Y
además, puedo dar un juicio moral".
¿En
qué sentido el Existencialismo llega a ser un humanismo? "El hombre está
constantemente fuera de sí mismo; sólo proyectándose y perdiéndose fuera de sí
hace existir al hombre y, por otra parte, sólo persiguiendo fines trascendentes
él puede existir. El hombre, siendo
esta superación, está al centro de esta superación. No hay otro universo que un universo humano, el universo de la
subjetividad humana. Esta conexión
entre la trascendencia como constitutiva del hombre (no en el sentido que se da
a la palabra cuando se dice que Dios es trascendente, sino en el sentido del ir
más allá), y la intersubjetividad (en el sentido de que el hombre no está
encerrado en sí mismo, sino que está siempre presente en un universo humano),
es aquello que nosotros llamamos humanismo existencialista. Humanismo porque le hacemos recordar al
hombre que él es el único legislador y que él decidirá sobre sí mismo; y porque
nosotros mostramos que, no en el volverse hacia sí mismo, sino buscando siempre
fuera de sí un objetivo (que es aquella liberación, aquella actuación
particular) el hombre se realizará precisamente como humano".
Sartre
admitió que la antítesis entre libertad absoluta y mala fe también absoluta le
había sido sugerida por el clima de la guerra, en el cual no parecía posible
otra alternativa que aquella entre "ser con" y "ser
contra". Después de la guerra
llegó la experiencia verdadera, la de la sociedad, o sea, la experiencia de una
realidad compleja sin antítesis claras o alternativas simples donde existía una
relación ambigua entre situación dada e iniciativa libre, entre elección y
condicionamiento. En la entrevista dada
a la "New Left Review" en 1969, Sartre llega a dar la siguiente
definición de libertad: "La libertad es aquel pequeño movimiento que hace
de un ser social completamente condicionado, una persona que no se limita a
reexteriorizar en su totalidad el condicionamiento que ha sufrido". Aun con esta definición reductora de la
libertad, Sartre no renuncia a algunos temas fundamentales de su filosofía
precedente. La libertad continúa siendo
el centro de su problemática. En 1974,
seis años antes de morir, en las conversaciones publicadas bajo el nombre de
"Rebelarse es justo", afirma que el hombre puede ser alienado y
cosificado precisamente porque es libre, porque no es una cosa, ni siquiera una
cosa particularmente compleja. Los
hombres nunca coinciden integralmente con sus factores de condicionamiento; si
así fuera, de hecho ni siquiera se podría hablar de sus condicionamientos. Un robot nunca podría ser oprimido. Las alienaciones reenvían a la libertad.
HUMANISMO HISTORICO
En el mundo académico occidental se suele
llamar "humanismo" al proceso de transformación de la cultura que
comenzando en Italia, particularmente en Florencia, entre fines del 1300 y
comienzos del 1400 concluye, en el Renacimiento, con su expansión por toda
Europa. Esa corriente apareció ligada a
las "humanae litterae" (que eran los escritos referidos a las cosas
humanas), en contraposición a las "divinae litterae" (que ponían el
acento en las cosas divinas). Y éste es
uno de los motivos por el cual se llama a sus representantes
"humanistas". Desde esa
interpretación, el humanismo es, en su origen, un fenómeno literario con una
tendencia clara a retomar los aportes de la cultura grecolatina, asfixiados por
la visión cristiana medieval. Debe
anotarse que el surgimiento de este fenómeno no se debió simplemente a la
modificación endógena de los factores económicos, sociales y políticos de la
sociedad occidental, sino que ésta recibió influencias transformadoras de otros
ambientes y civilizaciones. El intenso
contacto con las culturas judía y árabe, el comercio con las culturas del
extremo oriente y la ampliación del horizonte geográfico, formaron parte de un
contexto que incentivó la preocupación por lo genéricamente humano y por los
descubrimientos de las cosas humanas.
Desarrollo del HUMANISMO HISTORICO.
Cien
años después de Petrarca (1304 - 1374), existió un conocimiento diez veces
mayor de los clásicos que a lo largo de todo el período anterior de mil
años. Petrarca buscó en los antiguos
códices tratando de corregir una memoria deformada y con ello inició una
tendencia de reconstrucción del pasado y un nuevo punto de vista del fluir de
la historia atascado, a la sazón, por el inmovilismo de la época. Otro de los primeros humanistas, Manetti, en
su obra "De Dignitate et Excellentia Homi-nis" (La dignidad y
excelencia de los hombres), reivindicó al ser humano contra el "Contemptu
Mundi", el desprecio del mundo, predicado por el monje Lotario
(posteriormente Papa, conocido como Inocencio III). A partir de allí, Lorenzo Valla en su "De Voluptate"
(El placer), atacó el concepto ético del dolor, vigente en la sociedad de su
tiempo. Y así, mientras ocurría el
cambio económico y se modificaban las estructuras sociales, los humanistas
concientizaban ese proceso generando una cascada de producciones en la que se
fue perfilando esa corriente que sobrepasó el ámbito de lo cultural y terminó
poniendo en cuestión las estructuras del poder en manos de la Iglesia y el
Monarca. Es sabido que muchos temas
implantados por los humanistas siguieron adelante y terminaron por inspirar a
los enciclopedistas y a los revolucionarios del siglo XVIII. Pero luego de las revoluciones americana y
francesa, comenzó esa declinación en la que la actitud humanista (ver), quedó
sumergida. Ya el idealismo crítico, el
idealismo absoluto y el romanticismo, inspiradores a su vez de filosofías
políticas absolutistas, dejaron atrás al ser humano como valor central para
convertirlo en epifenómeno de otras potencias.
Situación del HUMANISMO
HISTORICO.
El
mundo europeo medieval prehumanista era un ambiente cerrado desde el punto de
vista temporal y físico que tendía a negar la importancia del contacto que se
daba, de hecho, con otras culturas. La
historia, desde el punto de vista medieval, es la historia del pecado y de la
redención; el conocimiento de otras civilizaciones no iluminadas por la gracia
de Dios no reviste gran interés. El
futuro prepara simplemente el Apocalipsis y el juicio de Dios. La Tierra es inmóvil y está en el centro del
Universo, siguiendo la concepción tolomeica.
Todo está circundado por las estrellas fijas y las esferas planetarias
giran animadas por potencias angélicas.
Este sistema termina en el empíreo, sede de Dios, motor inmóvil que
mueve a todo. La organización social se
corresponde con esta visión: una estructura jerárquica y hereditaria diferencia
a los nobles de los siervos. En el vértice
de la pirámide están el Papa y el Emperador a veces aliados, a veces en pugna
por la preeminencia jerárquica. El
régimen económico medieval, por lo menos hasta el siglo XI, es un sistema
económico cerrado fundado en el consumo del producto en el lugar de producción. La circulación monetaria es escasa. El comercio es difícil y lento. Europa es una potencia continental encerrada
porque el mar, como vía de tráfico, está en manos de bizantinos y árabes. Pero los viajes de Marco Polo y su contacto
con las culturas y la tecnología del extremo oriente; los centros de enseñanza
de España desde donde los maestros judíos, árabes y cristianos irradian
conocimiento; la búsqueda de nuevas rutas comerciales que eluda la barrera del
conflicto bizantino-musulmán; la formación de una capa mercantil cada día más
activa; el crecimiento de una burguesía ciudadana cada vez más poderosa y el
desarrollo de instituciones políticas más eficientes como los señoríos de
Italia, van marcando un cambio profundo en la atmósfera social, y ese cambio
permite el desarrollo de la actitud humanista (*). No se debe olvidar que ese desarrollo admite numerosos avances y
retrocesos hasta que la nueva actitud se hace consciente.
HUMANISMO MARXISTA.
Es
un caso de humanismo filosófico (*). El
humanismo marxista se desarrolló especialmente en los años sucesivos a la Segunda
Guerra Mundial por obra de un grupo de filósofos. Los expositores más representativos fueron: Ernst Bloch en
Alemania, Adam Shaff en Polonia, Roger Garaudy en Francia, Rodolfo Mondolfo en
Italia, Erich Fromm y Herbert Marcuse en los Estados Unidos. Estos autores trataron de recuperar y
desarrollar el aspecto humanista que, según su interpretación, constituía la
esencia misma del marxismo.
Anterior-mente, Engels en su famosa carta a Bloch (1880), había
subrayado que el marxismo había sido mal entendido y que había sido una
equivocación el ver un determinismo absoluto y unilateral de las fuerzas
productivas sobre la conciencia y las superestructuras. La conciencia, explicaba, reacciona a su vez
sobre la estructura y es necesaria para la comprensión revolucionaria de las
mutaciones de la estructura y de la contradicción entre las fuerzas productivas
y las relaciones sociales.
Los
marxistas humanistas destacaron la importancia de los textos de la juventud de
Marx, sobre todo de los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, de la
Ideología alemana y de la Crítica del derecho de Hegel, y otros de la madurez
como los de la Teoría de la plusvalía.
Estos filósofos se esforzaron en reinterpretar el pensamiento de Marx en
una clave que no fuera estrictamente economicista y materialista (*
Materialismo). Así dieron énfasis más
que a los escritos de la madurez de Marx, como El Capital, a las obras
juveniles descubiertas recién en la década del '30. Destacaron aquél pasaje de los Manuscritos en el que Marx dice:
"... el hombre no es solamente un
ser natural; es también un ser natural humano, o sea, un ser que es para sí, y
luego un ser que pertenece a la especie humana. Como tal, él debe realizarse y confirmarse tanto en su ser como
en su saber. Por esto los objetos
humanos no son los objetos naturales como se presentan en modo inmediato... la
naturaleza, tomada abstractamente, en sí, fijada en su separación del hombre,
es para el hombre una nulidad".
Marx dice, en el inicio de la exposición de su antropología en los
Manuscritos: "Vemos aquí como el naturalismo o humanismo conducido al
propio término, se distinga tanto del idealismo como del materialismo, y sea al
mismo tiempo la verdad que une a ambos".
Mondolfo
explica que: "En realidad, si examinamos sin prejuicios el materialismo
histórico, tal como nos resulta en los textos de Marx y Engels, debemos
reconocer que no se trata de un materialismo, sino de un verdadero humanismo,
que en el centro de cada consideración y discusión coloca el concepto del hombre. Es un humanismo realista (Rea-le
Humanismus), como lo llamaron los mismos creadores, el cual trata de considerar
al hombre en su realidad efectiva y concreta.
Trata de comprender su existencia en la historia y de comprender a la
historia como una realidad producida por el hombre a través de su actividad, de
su trabajo, de su acción social, durante los siglos en los cuales se va
desarrollando el proceso de formación y de transformación del ambiente en el
que el hombre vive, y en el que se va desarrollando el hombre mismo,
simultáneamente como efecto y causa de toda la evolución histórica. En este sentido encontramos que el
materialismo histórico no puede ser confundido con una filosofía
materialista". (* Antihumanismo
filosófico y Marxismo-leninismo).
HUMANISMO PRERRENACENTISTA.
Algunos autores han dado esta designación al
humanismo histórico occidental que comienza a desarrollarse desde mediados del
siglo XI. Entre los exponentes de esta
corriente se puede incluir a los poetas goliardos y a las escuelas de las
catedrales francesas del siglo XII.
Numerosos especialistas han destacado que ya en el humanismo
pre-renacentista aparece una nueva imagen del ser humano y de la personalidad
humana. A ésta se la construye y se la
expresa por medio de la acción y es en ese sentido que se da especial
importancia a la voluntad sobre la inteligencia especulativa. Por otra parte, emerge una nueva actitud
frente a la naturaleza. Esta ya no es
una simple creación de Dios y un valle de lágrimas para los mortales, sino el
ambiente del ser humano y, en algunos casos, la sede y el cuerpo de Dios. Por último, ese nuevo emplazamiento frente
al universo físico fortalece el estudio de los distintos aspectos del mundo
material, tendiente a explicarlo como un conjunto de fuerzas inmanentes que no
requieren para su comprensión de conceptos teológicos. Esto muestra ya una clara orientación hacia
la experimentación y una tendencia al dominio de las leyes naturales. El mundo es ahora el reino del hombre y éste
debe dominarlo por el conocimiento de las ciencias.
HUMANISMO TEOCENTRICO.
Es
una posición caracterizada así por la similitud con algunas propuestas de otros
humanismos, pero partiendo siempre de la idea de la divinidad. El humanismo cristiano (*) es un caso de
humanismo teocéntrico. Manifestaciones
de humanismo teocéntrico pueden ser observadas en las más diversas culturas.
HUMANISMO UNIVERSALISTA.
También
llamado Nuevo Humanismo (*). Se
caracteriza por destacar la actitud humanista (*). Dicha actitud no es una filosofía sino una perspectiva, una
sensibilidad y un modo de vivir la relación con los otros seres humanos. El humanismo universalista sostiene que en
todas las culturas, en su mejor momento (*) de creatividad, la actitud
humanista impregna el ambiente social.
Así, se repudia la discriminación, las guerras y, en general, la
violencia. La libertad de ideas y
creencias toma fuerte impulso, lo que incentiva, a su vez, la investigación y
la creatividad en ciencia, arte y otras expresiones sociales. En todo caso, el humanismo universalista
propone un diálogo no abstracto ni institucional entre culturas, sino el
acuerdo en puntos básicos y la mutua colaboración entre representantes de
distintas culturas, basándose en "momentos" humanistas simétricos (*
Momento humanista). El ideario general
de este humanismo está plasmado en el Documento del Movimiento Humanista. (* Humanista, documento).
Documento HUMANISTA, del Nuevo Humanismo
Fue
presentado ante la Segunda Internacional Humanista (*) y el Primer Foro
Humanista (*) los días 7 y 8 de octubre de 1993 en Moscú. Constituye el ideario del Nuevo Humanismo
(*). Está dividido en una introducción
y seis parágrafos, a saber: 1. El Capital mundial; 2. La democracia formal y la
democracia real; 3. La posición humanista; 4. Del humanismo ingenuo al
humanismo consciente; 5. El campo antihumanista y 6. Los frentes de acción
humanista.
El
texto completo del Documento, sigue a continuación:
"Los
humanistas son mujeres y hombres de este siglo, de esta época. Reconocen los antecedentes del humanismo
histórico y se inspiran en los aportes de las distintas culturas, no solamente
de aquellas que en este momento ocupan un lugar central. Son, además, hombres y mujeres que dejan
atrás este siglo y este milenio, y se proyectan a un nuevo mundo.
Los
humanistas sienten que su historia es muy larga y que su futuro es aún más
extendido. Piensan en el porvenir,
luchando por superar la crisis general del presente. Son optimistas, creen en la libertad y en el progreso social.
Los
humanistas son internacionalistas, aspiran a una nación humana universal. Comprenden globalmente al mundo en que viven
y actúan en su medio inmediato. No
desean un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias, lenguas y
costumbres; múltiple en las localidades, las regiones y las autonomías;
múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias, el ateísmo
y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.
Los
humanistas no quieren amos; no quieren dirigentes ni jefes, ni se sienten
representantes ni jefes de nadie. Los
humanistas no quieren un Estado centralizado, ni un Paraestado que lo
reemplace. Los humanistas no quieren
ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan.
Pero
entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha
levantado un muro. Ha llegado pues, el
momento de derribarlo. Para ello es
necesaria la unión de todos los humanistas del mundo.
EL CAPITAL MUNDIAL
He
aquí la gran verdad universal: el dinero es todo. El dinero es gobierno, es ley, es poder. Es, básicamente, subsistencia. Pero además es el Arte, es la Filosofía y es
la Religión. Nada se hace sin dinero;
nada se puede sin dinero. No hay relaciones
personales sin dinero. No hay intimidad
sin dinero y aun la soledad reposada depende del dinero.
Pero
la relación con esa "verdad universal" es contradictoria. Las mayorías no quieren este estado de
cosas. Estamos, pues, ante la tiranía
del dinero. Una tiranía que no es
abstracta porque tiene nombres, representantes, ejecutores y procedimientos
indudables.
Hoy
no se trata de economías feudales, ni de industrias nacionales, ni siquiera de
intereses de grupos regionales. Hoy se
trata de que aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los
dictados del capital financiero internacional.
Un capital especulador que se va concentrando mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional
requiere para sobrevivir del crédito y el préstamo. Todos mendigan la inversión y dan garantías para que la banca se
haga cargo de las decisiones finales.
Está llegando el tiempo en que las mismas compañías, así como los campos
y las ciudades, serán propiedad indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Paraestado, un
tiempo en el que el antiguo orden debe ser aniquilado.
Parejamente,
la vieja solidaridad se evapora. En
definitiva, se trata de la desintegración del tejido social y del advenimiento
de millones de seres humanos desconectados e indiferentes entre sí a pesar de
las penurias generales. El gran capital
domina no solo la objetividad gracias al control de los medios de producción,
sino la subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e
información. En estas condiciones,
puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales convirtiendo en
irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al ser humano. Para ello cuenta con la tecnología
suficiente. Y así como ha vaciado a las
empresas y a los estados, ha vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola en
tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación.
Los
humanistas no necesitan abundar en argumentación cuando enfatizan que hoy el
mundo está en condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto
tiempo los problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo,
alimentación, salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es, sencillamente, porque la
especulación monstruosa del gran capital lo está impidiendo.
El
gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado y comienza a
disciplinar a la sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. Frente a esta irracionalidad, no se levantan
dialécticamente las voces de la razón, sino los más oscuros racismos,
fundamentalismos y fanatismos. Y si es
que este neoirracionalismo va a liderar regiones y colectividades, el margen de
acción para las fuerzas progresistas queda día a día reducido. Por otra parte, millones de trabajadores ya
han cobrado conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista,
cuanto de la falsedades de la democracia capitalista. Y así ocurre que los obreros se alzan contra sus cúpulas
gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos cuestionan a los partidos y
los gobiernos. Pero es necesario dar
una orientación a estos fenómenos que, de otro modo, se estancarán en un
espontaneísmo sin progreso. Es
necesario discutir en el seno del pueblo los temas fundamentales de los
factores de la producción.
Para
los humanistas existen como factores de la producción el trabajo y el capital,
y están de más la especulación y la usura.
En la actual situación los humanistas luchan por que la absurda relación
que ha existido entre esos dos factores sea totalmente transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia
sea para el capital y el salario para el trabajador, justificando tal
desequilibrio con el "riesgo" que asume la inversión... como si todo trabajador no arriesgara su
presente y su futuro en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Pero, además, está en juego la gestión y la
decisión en el manejo de la empresa. La
ganancia no destinada a la reinversión en la empresa, no dirigida a su
expansión o diversificación, deriva hacia la especulación financiera. La ganancia que no crea nuevas fuentes de
trabajo, deriva hacia la especulación financiera. Por consiguiente, la lucha de los trabajadores ha de dirigirse a
obligar al capital a su máximo rendimiento productivo. Pero esto no podrá aplicarse a menos que la
gestión y dirección sean compartidas.
De otro modo, ¿cómo se podría evitar el despido masivo, el cierre y el
vaciamiento empresarial? Porque el gran
daño está en la subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado
y la fuga del capital, no en las ganancias que se puedan obtener como
consecuencia del aumento en la productividad.
Y si se insistiera en la confiscación de los medios de producción por
parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XlX, se debería
tener en cuenta también el reciente fracaso del socialismo real.
En
cuanto a la objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el
trabajo, produce su fuga a puntos y áreas más provechosas, ha de aclararse que
esto no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad del esquema
actual lo lleva a su saturación y crisis mundial. Esa objeción, aparte del reconocimiento de una inmoralidad
radical desconoce el proceso histórico de la transferencia del capital hacia la
banca resultando de ello que el mismo empresario se va convirtiendo en empleado
sin decisión dentro de una cadena en la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el
proceso recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar es-tos puntos.
Los
humanistas sienten la necesidad de actuar no solamente en el campo laboral sino
también en el campo político para impedir que el Estado sea un instrumento del
capital financiero mundial, para lograr que la relación entre los factores de
la producción sea justa y para devolver a la sociedad su autonomía arrebatada.
II. LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA DEMOCRACIA REAL
Gravemente
se ha ido arruinando el edificio de la democracia al resquebrajar-se sus bases
principales: la independencia de poderes, la representatividad y el respeto a
las minorías.
La
teórica independencia entre poderes es un contrasentido. Basta pesquisar en la práctica el origen y
composición de cada uno de ellos, para comprobar las íntimas relaciones que los
ligan. No podría ser de otro modo. Todos forman parte de un mismo sistema. De manera que las frecuentes crisis de
avance de unos sobre otros, de superposición de funciones, de corrupción e
irregularidad, se corresponden con la situación global, económica y política,
de un país dado.
En
cuanto a la representatividad. Desde la
época de la extensión del sufragio universal se pensó que existía un solo acto
entre la elección y la conclusión del mandato de los representantes del pueblo. Pero a medida que ha transcurrido el tiempo
se ha visto claramente que existe un primer acto mediante el cual muchos eligen
a pocos y un segundo acto en el que estos pocos traicionan a los muchos,
representando a intereses ajenos al mandato recibido. Ya ese mal se incuba en los partidos políticos reducidos a
cúpulas separadas de las necesidades del pueblo. Ya, en la máquina partidaria, los grandes intereses financian
candidatos y dictan las políticas que éstos deberán seguir. Todo esto evidencia una profunda crisis en
el concepto y la implementación de la representatividad.
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