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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Ilustracion (Revolucion Intelectual): Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 4351 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Este
trabajo está mal verlo bien
Lo
hiceron Coria y Kang
La Ilustración
En el siglo XVII el hombre moderno
afila sus armas, elabora los utensilios de pensamiento que responden a la nueva
visión del mundo que se iba forjando desde el declinar de la Edad Media; a esta
circunstancia responde el tipo del pensador solitario, tan frecuente durante la
centuria. Había en las mayores mentes de la época una necesidad de recogerse y
de aislarse para la aclaración de las cuestiones máximas en función de los
recientes puntos de vista, para la elaboración de los métodos nuevos. En el
siglo XVIII la situación cambia. El hombre moderno confía ya en sí, está seguro
de su interpretación de las cosas, es dueño de toda una flamante metodología.
La sociedad de un Descartes, de un Spinoza, no es ya un imperativo para el
pensador. El filósofo se aplica a una tarea más cercana a la vida en torno,
quiere influir; todo pensamiento se dobla en un plan de intervención. El
Iluminismo, como se suele designar el setecientos, es ante todo la coyuntura
histórica en que el sistema nuevo, la cosmivisión moderna, se pone a la obra,
se superpone a las ocurrencias grandes y menudas de la naturaleza, del hombre,
de la vida, y procura comprenderlas, criticarlas, modificarlas si lo cree
posible y conveniente. Para juzgar la filosofía del siglo XVII basta la crítica
del filósofo; para estimar debidamente el pensamiento del XVIII hay que aunar a
la competencia del filósofo la del historiador y aún la del político.
Ningún otro movimiento, con la probable excepción del humanismo, ha
contribuido más a disipar las densas nieblas de la superstición y las
prohibiciones ilógicas que envolvían todavía al mundo occidental. El
racionalismo de la "Ilustración" ayudó a romper las cadenas de la
tiranía política y a debilitar el poder de un clero sin conciencia. Su ideal de
libertad religiosa fue una de las causas principales de la separación de la
Iglesia y el Estado y de que los judíos se libraran de las restricciones
antiguas. El humanitarismo que implicaba su oposición a la tiranía dio origen a
la agitación en favor de la reforma penal y la abolición de la esclavitud. El
deseo de un orden social natural contribuyó a que se pidiera la destrucción de
todos los vestigios del feudalismo, así como de los monopolios y privilegios
inmerecidos. Si la "Ilustración"
tuvo alguna consecuencia
perjudicial fue probablemente la tendencia a fijar en la mente de los
seres humanos una concepción estática del universo. Los filósofos más
importantes del siglo XVIII suponían que todo había sido creado de una vez y en
forma perfecta por un Dios omnipotente. El universo era solo un reloj
gigantesco que funcionaba por sí solo a través de los siglos. Estaba lejos de
percibirse con claridad la idea de mundos, organismos e instituciones en
constante proceso de nacimiento, crecimiento y muerte.
Causas del progreso intelectual en los siglos XVII y
XVIII
Por una de las ironías más extrañas
de la historia, la época en que déspotas arrogantes gobernaban a su arbitrio a
las naciones de Europa fue también un peródo de progreso intelectual asombroso,
en lo que los monarcas absolutos nada tuvieron que ver. Aunque unos pocos como
Federico el Grande se entremetieron en los campos de la filosofía y de la
ciencia, a ninguno de ellos se puede considerar exactamente como patrocinador
de una cultura. El progreso intelectual de su época se debió más bien a
factores nacidos de los movimientos económios y culturales más importantes de
la historia de Europa desde el final de la Edad Media. Ejemplos característicos
fueron la influencia del Renacimiento, la prosperidad creciente de las clases
medias y los ampllios horizontes intelectuales que abrió el conocimiento de
tierras lejanas y pueblos extraños hasta entonces ignorados.
Caracter de la revolución intelectual
Los progresos realizados en la
filosofía y la ciencia durante los siglos XVII y XVIII, juntamente con las
actitudes nuevas que fueran su consecuencia, constituyen lo que se llama
comunmente la revolución intelectual. Pero hablar de esta como de un
acontecimiento sin precedentes en la historia humana es tener un concepto
erróneo de la historia. En varias ocasiones se habían producido ya
acontecimientos que revolucionaron los hábitos de pensamiento, como los
descubrimientos del siglo XVII y XVIII. La revolucíon intelectual de este
período, sin embargo, tuvo un alcance mayor que cualquiera de los trastornos
anteriores y sus consecuencias fueros, quizá, más importante para nuestra
generación.
Conceptos filosóficos principales
La revolución intelectual filosófica llego a su apogeo con el
movimiento llamado la "Ilustración", Comenzo en Inglaterra por el
1680 y se difundió por la mayoría de los países del norte de Europa y llegó
incluso hasta América. Pero fue en
Francia donde la "Ilustración" alcanzó su manifestación suprema y fue
en el siglo XVIII cuando tuvo verdadera importancia. Pocos movimientos históricos contribuyeron tan profundamente a
moldear los pensamientos humanos y orientar el curso de sus accines. La
filosofía de la "Ilustración" se basa en cierto número de ideas
importantes, entre las cuales podemos citar las siguientes:
1)
La razón es la única guía infalible para llegar a la sabiduría. Todo
conocimiemto tiene sus raíces en la percepción por los sentidos, pero las
impresiones de nuestros sentidos no son sino la materia prima de la verdad, que
debe ser purificada en la razón antes que pueda servir para explicar el mundo o
señalar el camino para una vida mejor.
2)
El universo es una máquina recogida por leyes inflexibles que el hombre
no puede pasar por alto. El orden de la naturaleza es absolutamente uniforme y
no está de modo alguno sujeto a milagros ni a ninguna otra forma de
intervención divina.
3) La mejor estructura de la sociedad es la mas sencilla y
natural. La vida del "salvaje noble" es preferible a la del hombre
civilizado con sus convencionalismos gastados que sirven para perpetuar la
tiranía del sacerdotes y gobernantes. La religión, el gobierno y las
instituciones económicas deben ser purificadas de todo lo artificial y
reducidas a una forma conforme con la razón y la libertad natural.
4) No existe el pecado original. La depravación no es inherente
al hombre, pero los sacerdotes intrigantes y
los déspotas belicosos lo inducen a cometer actos de crueldad. La perfectibilidad
infinita de la naturaleza humana y, por
lo tanto, de la sociedad misma, serían posibles si los hombres pudieran seguir
libremente los dictados de la razón y
de sus propios instintos.
Filósofos de la "Ilustración"
La "Ilustración" se inspiró
en parte en el racionalismo de Descartes , Spinoza y Hobbes, pero sus
verdaderos fundadores fueros Isaac Newton ( 1642-1727) y John Locke
(1632-1704). Aunque Newton no era filósofo en el sentido corriente de la palabra, su obra tiene la importancia más profunda para la historia
del pensamiento pues somete al mundo de la naturaleza a una interpretación
mecánica precisa. La influencia de
Locke, si bien fue muy distinta a la de Newton, no fue menos importante. Locke
creo una teoría del conocimiento que sirvió de principio fundamnental a la
filosofía de la "Ilustración". Rechaza la doctrina cartesiana de las
ideas innnatas y sostiene que todos los conocimientos humanos proceden de la
percepción por los sentidos.
La "Ilustración" alcanzó
su pleno florecimiento en Francia durante el siglo XVIII, bajo la
dirección de Voltaire y de otros
críticos del orden establecido que pensaban lo mismo que él. Voltaire despreciaba el optimismo afectado,
según el cual los males de cada uno contribuyen al bien de todo y que todo
resulta bien a la larga en el mejor de los mundos posibles. El veía, por lo
contrario, que en este mundo reinan la miseria,
el odio, la lucha y la
opresión. Consideraba bárbaras todas las restricciones de palabra y opinión.
Prodigaba casi tanto los ataques contra la tiranía política, sobre todo cuando
provocaba la muerte de millares de personas para saciar la ambición de los
déspotas.
Dos piezas indispensables de la
"Ilustración" fueron, sin lugar a dudas, David Hume ( sobre el cual
nos explayaremos a lo largo de este trabajo), y Juan Jacobo Rousseau (
1712-1778). Es interesante notar que ninguno de ellos estaba totalmente de
acuerdo con sus semejantes contemporáneos.
DAVID HUME
BIOGRAFÍA
1711. 26 de abril nace en Edimburgo,
hijo menor de un pequeño terrateniente de Berwickshire.
1723. Entra a la Universidad de
Edimburgo.
1726. Deja la Universidad y vuelve a
Ninewells, su hogar.
1734. Va a Bristol para trabajar como
empleado en una casa de negocio. No pudiendo soportar este género de vida se dirige
a Francia. Reside en París, Rennes y La Flèche. En este último colegio se educó
Descartes. Mientras tanto escribe el Tratado sobre la Naturaleza humana.
1737. Vuelve a Londres. Revisa y
corrige el Tratado.
1739. Aparecen los dos primeros
volúmenes del Tratado (I. Sobre el Entendimiento, II. Sobre las Pasiones).
Esta publicación carece de éxito.
1740.Traba amistad con Adam Smith, el
célebre economista. Aparece el tercer volumen del Tratado (Sobre la Moral). Se retira
a Nineweels a estudiar economía y política.
1741.
Publica con gran éxito los Ensayos Morales y Políticos.
1742. Publica el segundo volumen de los Ensayos y reedita el primero.
1744.
Gestiona infructuosamente la cátedra de Filosofía Moral en la Universidad de
Edimburgo.
1745.
Por mera conveniencia se hace tutor del Marqués de Annandale, un "lunático
inofensivo".
1746. Vuelve al Continente como
secretario general St. Clair, quien dirige una expedición a Francia.
1747. Misión diplomática ante la
embajada austríaca en Turín. En Nineweels prepara la Investigación sobre el entendimiento
humano.
1748. Durante su ausencia aparece la Investigación.
1749. Vuelve a Londres. Muere su madre.
1751. Vuelve a Edimburgo.
1752. Aparecen la Investigación sobre los Principios de
la Moral, los Discursos Políticos y los Diálogos sobre la Religión Natural.
Es elegido bibliotecario de la Facultad de Abogacía.
1753. Aparece el primer tomo de su Historia de
Inglaterra.
1756. Se publica el segundo tomo de la Historia de
Inglaterra.
1757. Se publican las Cuatro
Disertaciones (Historia Natural de la Religión, De las Pasiones, De la
Tragedia, De la Norma del Gusto.
1759. Aparecen otros dos tomos de su Historia del
Inglaterra.
1763. Lord Hertford le pide se haga
cargo de la secretaría de la embajada en París. Es muy bien recibido por la
sociedad francesa. Trata a D´Alambert y a Turgot. Mantiene
correspondencia con Montesquieu, Rousseau y Helvetius.
1766. Vuelve a Edimburgo.
1767. Acepta la secretaría del general
Conway en Londres donde pasa dos años.
1769.
Regresa de Edimburgo. Cultiva la amistad de Robertson y
de Adam Smith. Ayuda a Blackwell y a Smollet.
1776. Después de una breve estadía en
Bath, muere en Edimburgo, el 25 de agosto.
1777. Aparecen, anónimos, Dos Ensayos
(Sobre el Suicidio y Sobre la Inmortalidad del Alma). Se publica
asimismo la edición póstuma de la Investigación
Sobre el Entendimiento Humano.
PENSAMIENTO METAFÍSICO.
Hume
dio un paso revolucionario en la historia de la filosofía al rechazar la idea
de causalidad,
argumentando que "la razón nunca podrá mostrarnos la conexión
entre un objeto entre otro si no es ayudada por la experiencia y por la
observación de su relación con situaciones del pasado. Cuando la mente, por
tanto, pasa de la idea o la impresión de un objeto, a la idea o creencia en
otro, no se guía por la razón, sino por ciertos principios que asocian juntas
las ideas de esos objetos y los relaciona en la imaginación".
El rechazo
de la causalidad implica también un rechazo de las leyes científicas, que se
basan en la premisa de que un hecho provoca otro de forma necesaria y, como
resulta predecible, siempre lo hará.
Hume
estima que todas las ciencias tienen
una relación, mayor o menor, con la naturaleza humana, de modo que en vez de
llevar a cabo investigaciones filosóficas que en mejor de los casos terminan
por conquistar un castillo o un villorrio, es mejor avanzar hasta la capital
misma y extender desde ella las conquistas. La "ciencia del hombre"
es así "el único fundamento sólido de todas las demás ciencias". Pero
tal ciencia debe basarse en la experiencia y en la observación y no en
especulaciones gratuitas y quiméricas. Hay que investigar, pues, "la
naturaleza del entendimiento humano" para averiguar sus poderes y sus
capacidades; hay que cultivar la
"verdadera metafísica", único modo de destruir la metafísica
"falsa y adulterada". Por eso el filósofo escocés está considerado
uno de los mayores escépticos en la historia de la filosofía. Sostenía que
nadie puede conocer nada ajeno a la experiencia y que incluso ésta se basa en
la percepción subjetiva de uno mismo, por lo que nunca proporciona un
conocimiento auténtico de la realidad.
Según
la filosofía de Hume, por tanto, el conocimiento de los hechos es imposible,
aunque admitía que en la práctica las personas tienen que pensar en términos de
causa y efecto y deben asumir la validez de sus percepciones para no
enloquecer. Hume afirma que si se deja caer una pelota, no se puede estar
seguro de que llegue al suelo; sólo es posible afirmar que en experiencias
pasadas la pelota llegó a contactar con el suelo.
También
admitía la posibilidad de conocimiento sobre las relaciones entre las ideas,
como las relaciones entre los números en matemáticas. El razonamiento consiste
en un descubrimiento de relaciones. Una de esas relaciones lo son entre hechos;
otras relaciones lo son entre los que llamamos "relaciones de ideas".
Decir: "el oro es amarillo" o "el hidrógeno es menos pesado que
el aire" es establecer relaciones entre hechos. Decir: "la suma de 4
y 4 es igual a 8" o " la suma de los tres ángulos de un triángulo (en
un espacio euclídeo plano) es igual a dos ángulos rectos" es establecer
relaciones entre relaciones. Hume aplica estas relaciones a una detallada
crítica de toda clase de "ideas" para ver en qué medida tales
"ideas" están o no fundadas en la experiencia o constituyen
"relaciones de ideas". Se pueden mencionar tres aspectos básicos de
ella: la idea de existencia; la idea de relación causal, y la idea de
substancia (bajo el aspecto de la idea de la identidad personal).
En cuanto a
la idea de existencia Hume, señala que, no hay nada que pueda llamarse
"existencia" independientemente de la idea de los que concebimos ser
existente. La idea de existencia no agrega nada a la idea de un objeto:
'objeto' y 'objeto existente' son expresiones sinónimas. Por otro lado, para
admitir la idea de un objeto hay que referirse a la impresión que le ha dado
origen.
Respecto
a la relación causal, la experiencia nos muestra que a un cierto hecho (o
acontecimiento) sucede regularmente otro cierto hecho (o acontecimiento); el
primer hecho es llamado "causa" y el segundo "efecto". Pero
la experiencia no puede mostrarnos que hay necesidad en la conexión causal,
pues ésta no es una conexión de las del tipo de las "relaciones de
ideas" (como las conexiones lógicas o matemáticas). En otros términos, el
efecto no está contenido necesariamente en la causa, como afirman los
"racionalistas". Las conexiones causales son inferencias probables,
fundadas en las asociaciones de las ideas tal como han tenido lugar en el
pasado, lo que nos permite predecir - con "certidumbre moral" - el
futuro. La conexión causal es, pues, una inferencia fundada en la repetición;
ésta engendra la "costumbre", la cual produce la
"creencia". La ciencia de las cosas naturales se basa, así, en una
serie de creencias; la certidumbre es resultado de la repetición de la
experiencia y, por consiguiente, el conocimiento de la Naturaleza es asunto de
probabilidad. Ello no significa que Hume niegue la constancia de las leyes
naturales. Son los "milagros" los que Hume se opone. Pero las
constancias mencionadas no es asunto de necesidad lógica o racional, sino
resultado de observación.
Sobre
la substancia puede decirse algo similar a lo dicho sobre la existencia; la
idea de substancia no se deriva de ninguna impresión de sensación o de
reflexión: es "una colección de ideas simples unidas por la
imaginación". En otros términos, no hay ninguna realidad que se llame
"substancia". 'Substancia' es sólo un nombre que se refiere a una
colección o haz de cualidades. No hay, pues, las cualidades de una cosa más su
substancia. Ahora bien, todo eso puede aplicarse a la noción de "yo"
y a la de "identidad personal". Cuando entro en lo que se llama
"yo", proclama Hume, "todo siempre con alguna percepción
particular u otra". Ello no significa que no pueda hablarse de
"yo" y de "yo mismo"; sólo ocurre que no hay un yo
substancial, sino, una vez más, una serie de percepciones unidas
asociativamente. Lo mismo puede decirse de la llamada "simplicidad".
Puede
verse, pues, que en cada caso la noción de asociación y las diversas formas de
asociación son fundamentales para Hume con el fin de resolver los problemas
planteados por su "crítica del conocimiento".
La
fuerte tendencia de Hume a la "observación de los hechos" se
manifiesta asimismo en sus doctrinas acerca de la religión. las "verdades
religiosas" - tales como la sustancialidad e inmortalidad del alma, la
existencia de Dios, etc. - no pueden demostrarse mediante la razón. Tampoco
puede mostrarse racionalmente que no hay tales "verdades". Así, Hume
rechaza tanto el espirirualismo como el materialismo racionalista. Pero el
rechazo de toda prueba a priori no significa que Hume rechace
toda prueba: hay pruebas a posteriori, como la derivada de la
observación del orden del mundo, que son por lo menos convincentes, o
persuasivas. Las "verdades religiosas" son también, como todas las
otras "verdades", asunto de probabilidad y plausibilidad.
Hume y el problema de la causalidad
"Hume
parte principalmente de un único aunque importante concepto metafísico, el de
la concexión del efecto con la causa" - Kant -. Es importante mencionar el
problema de la causalidad para situar a Hume en el lugar que le corresponde.
El problema
de causalidad es uno de los más difíciles que haya afrontado la filosofía.
"No hay en todo el ámbito del saber humano - escribe uno de los
historiadores más puntuales de la cuestión - un problema cuya respuesta revista
mayor gravedad y asuma significación más decisiva".
El
problema de la causalidad es un problema moderno. No quiere esto decir que no
haya sido examinado antes; no sólo ha sido estudiado con anterioridad a la Edad
Moderna, sino que hay aquí y allá aportes premodernos sumamente valiosos para
su solución o, por lo menos, para su planteo riguroso. Pero, sea cual fuere el
valor de tales aportaciones, deben ser relegadas a la prehistoria del problema.
La Antigüedad y, sobre sus huellas, la Edad Media se preocuparon ante todo con
la cuestión de la sustancia. Corresponde tal preferencia al cariz resueltamente
metafísico de la meditación filosófica en ambos períodos, y es indudable y
comprensible que una aprehensión metafísica de la realidad atiende sobre todo a
las instancias de permanencia. Mientras la preocupación capital es la aprehensión
de ser como ser, la causalidad se mantiene velada, dormida o dormitando. En la
Edad Moderna, sin que la apetencia metafísica se atenúe, aparece un incentivo
intelectual nuevo, un motivo para despertar el problema y mantenerlo en alerta
vigilia: el tema del mundo inmediato y concreto, asunto de la ciencia nueva.
Con la creación de la ciencia natural exacta a partir de Galileo, el mundo
corporal, la realidad material próxima, se hace presente en el pensamiento con
una evidencia desconocida hasta entonces, y su norma, que es la ley del cambio,
urge aclaraciones filosóficas.
La
primera interpretación moderna de la causalidad es la del racionalismo,
dirección filosófica que se desenvuelve en el mismo clima intelectual en que se
va organizando la ciencia exacta de la naturaleza y que mantiene con ella
estrechas relaciones. El racionalismo moderno profesa una concepción del mundo
cuyos rasgos más generales son: la realidad es un complejo cuyas partes están
entre sí trabadas por relaciones necesarias; el conocimiento mediante la razón
es capaz de aprehender esta realidad en sí y tal como verdaderamente es,
mientras que los sentidos sólo nos dan un saber superficial de fenómenos: la
realidad es, pues, racional. De aquí una separación terminante entre lo que en
la realidad advierten los sentidos y lo que en ella conoce la razón. Es la
difundida distinción entre cualidades secundarias y primarias, no inventada ni
descubierta sin duda por el racionalismo del siglo XVII pero, que en él cobra
un sentido profundo y se convierte en uno de sus elementos principales. Las
cualidades secundarias son las sensibles, depende de la receptividad del sujeto
y por lo tanto sólo pertenecen al objeto en cuanto fenómeno. Las cualidades
primarias son racionales y son notas de las cosas mismas: como los datos que
satisfacen a la razón son ante todo los aritméticos, los geométricos y
mecánicos, determinaciones ideales, la realidad esencial se imagina constituida
y regida idealmente. De acuerdo con este régimen, la relación de causalidad se piensa por asimilación a
relaciones ideales, y entre éstas la más próxima a la relación causal es la de
razón suficiente. Más profundamente, la exigencia racional de identidad
gobierna al mismo tiempo la interpretación de la causalidad.
El
racionalismo creía que era imposible no pensar la causalidad en cuanto
producción y rigurosa determinación del efecto por la causa; la demostraba en
cierto modo por reducción al absurdo: es imposible que no sea. Profesaba un
dogmatismo de la causalidad. Cuando el análisis se aplica más de cerca a la
causalidad sin admitirla desde luego como un supuesto, tropieza con este hecho
similar: que si antes parecía imposible no pensarla, ahora resulta sumamente
difícil pensarla. Es la razón chocando con sus propias limitaciones, girando
dentro de su propio círculo.
Sea
como fuere, la causalidad está en el primer plano del interés contemporáneo, y
no es lícito aproximarse a sus enigmas sin tomar en cuenta a uno de sus máximos
aclaradores, DAVID HUME.
OBRAS
· A Treatise of
Human Nature, en "tres libros"
(Libro I: "Of the Understanding"; Libro II: "Of the
Passions"; Libro III: "Of Morals"), los dos primeros
publicados en 1739 y el tercero en 1740.
· Un
Abstract
of a Book lately published entitled Treatise of Human Nature
apareció (anónimamente) en 1740.
· Essays, Moral
and Political, 2 vols., 1741-1742.
· Of Miracles,
1748.
· Of Providence
and a Future State, 1748.
· Philosophical
Essays concerning Human Understanding, 1748; la
segunda edición, publicada en 1751, lleva el título bajo el cual se conoce hoy
la obra: An
Enquiry concerning Human Understanding. Se trata
de una revisión del Libro I del Treatise.
· An Enquiry
concerning the Principles of Morals, 1751
[revisión del Libro III del Treatise].
· Political
Discourses, 1752.
· Four
Dissertations, 1757 [incluye "A
Dissertation on the Passions", revisión del Libro II del Treatise,
y "The
Natural History of Religion"].
· History of
England under the House of Tudor, 1759.
· History from
England from the Invasion of Julius Caesar tothe Accession of Henry VII,
1761.
· Essays on
Suicide and the Inmortality of the Soul, 1777
(aparecieron anónimamente, y con nombre de autor en 1783).
· Dialogues
concerning Natural Religion, 1779 (póstumos, escritos en
1752).
Las obras de Hume consideradas como fundamentales
son:
· El Tratado de la Naturaleza Humana. Esta
obra fue escrita durante una residencia en Francia, lo publicó a su regreso a
Inglaterra(Londres, 1739 - 1740); el autor contaba apenas 28 años. Mucho se
prometía en este escrito, destinado en su opinión a traer una profunda
renovación a la filosofía. Su supuesto es que, por mantener todas las ciencias
una estrecha dependencia del conocimiento humano, el estudio del hombre mismo
debe ser el punto de partida que permitirá resolver en definitiva sobre la
índole y posibilidades de nuestro saber en lo referente a matemáticas, ciencia
natural y religión natural, y con mayor motivo en lo que toca al hombre más de
cerca, como la moral y la estética.
· Investigación sobre el Entendimiento Humano.
Esta obra apareció por primera vez en Londres, 1748. Es la obra más difundida
del ilustre filósofo e historiador escocés, y sin duda la primera a que deba
acudir quien aspire a familiarizarse con su pensamiento. razones especiales la
destacan entre los escritos del autor: Se reconoce generlamente que en ella es
donde Hume expone en modo más cumplido y satisfactorio su posición frente al
problema de la causalidad, uno de los nudos vitales de su filosofía, y que
ejerció influjo decisivo en la evolución filosófica de Kant.
· Historia Natural de la Religión. Esta
obra, escrita con prescindencia de todo dogmatismo religioso, puede ser
considerada como el primer intento de una historia científica de la religión.
El presupuesto teológico de la revelación divina fue sustituido en ella por una
análisis de la naturaleza humana en el cual, para Hume, se basa la clave de la
historia y la cultura. Esta explicación psicológica parece emular, en cierta
medida, el ideal de la ciencia física de Newton y tiende, por consiguiente, a
la formulación de leyes que regularían los movimientos de la religiosidad
humana de una manera semejante al modo en que las leyes newtonianas rigen la
mecánica cósmica. Con la Historia Natural de la Religión, Hume se constituye en
predecesor común de las diversas escuelas histórico-religiosas de los siglos
XIX y XX y, en particular, de aquellos estudiosos que se valen de la psicología
para dar razón del hecho religioso.
BIBLIOGRAFÍA
· David
Hume, Investigación sobre el Entendimiento Humano. Editorial Losada S.A.
Buenos Aires 1939.
· David
Hume, Investigación sobre los Principios de la Moral. Editorial Losada
S.A. Buenos Aires 1941.
· David
Hume, Historia Natural de la Religión. Editorial EUDEBA. Buenos Aires
1966.
· José
Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo II. Alianza Editorial S.A.
Madrid 1986.
· Edward
McNall Burns, Civilizaciones de Occidente. Ediciones Peuser
Buenos Aires 1962
· Enciclopedia
Microsoft Encarta 99.
· Direcciones
de Internet:
http://www-city.europeline.com/home/ctej/Hume.html
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