NOBLEZA Y “ARETÉ”. (Resumen
del capitulo 1º de la obra PAIDEIA, de Werner Jaeger).
1.La educación es tan natural y universal en la comunidad humana, que
por su misma evidencia tarda tiempo en llegar a la plena conciencia de aquellos
que la reciben y la practican.
Su primer rastro en la tradición literaria es tardío. El contenido es mas o menos el mismo en
todas las culturas, de carácter moral y práctico.
Así fue también para los griegos.
Se manifiesta en mandamientos, por ejemplo, honra a tu padre y a tu
madre, respeta a los extranjeros, honra a los dioses, etc. Se trata de consejos o reglas externas que
ayuden en la convivencia comunitaria; o también la transmisión de un saber
profesional, habilidades, que en su conjunto los griegos llamaron techné. El rico tesoro de la sabiduría
popular, mezclado con primitivas reglas de conducta y preceptos de prudencia
arraigados en supersticiones populares, todo esto llegó a la luz de un escrito
en la persona de Hesíodo. Hasta ese
momento todo era tradición oral.
2.De la educación, en este sentido, distinguimos en cambio la formación
del hombre, mediante la creación de un tipo ideal íntimamente coherente y
claramente determinado. La educación no
es posible sin que se ofrezca al espíritu una imagen del hombre tal como deber
ser. En ella la utilidad es indiferente
o por lo menos, no es esencial.
Lo fundamental en ella es la “belleza”, en el sentido normativo de la
imagen, imagen anhelada, del ideal.
El contraste de estos dos aspectos se mantiene a lo largo de la historia
humana.
Cuando hablamos de educación y
formación o cultura, queremos significar el hombre integro en su conducta y
comportamiento externo y en su apostura interna. Pero no nacen del azar, sino
que son producto de una disciplina consciente.
Platón la comparó con el adiestramiento de los perros de raza
noble. Esta formación al principio
estaba reservada a una pequeña clase social,
a la de los nobles. Pero luego
paso a ser patrimonio universal y norma para todos.
3.Es un hecho que toda cultura surge de la diferenciación de las
clases sociales, la cual se origina, a su vez, en la diferencia de valor
espiritual y corporal de los individuos.
La historia de la formación griega comienza en el mundo aristocrático
de la Grecia primitiva, con el nacimiento de un ideal definido de hombre
superior, al cual aspira la selección de la raza. Puesto que la más antigua tradición escrita nos muestra una
cultura aristocrática que se levanta sobre la masa popular, es preciso que la consideración
histórica comience allí. Toda cultura
posterior, por muy alto que se levante, y aunque cambie su contenido, conserva
claro el sello del origen. La educación
no es otra cosa que la formación aristocrática, progresivamente espiritualizada
de una nación.
4.No es posible tomar la palabra “paideia” como hilo conductor para
estudiar el origen de la educación griega, ya que esta no aparece sino hasta el
s.V. Su significado más antiguo era
“crianza de los niños”, nada parecido al alto sentido que tomó mas tarde, y que
es el único que interesa aquí.
El tema esencial de la historia de la educación griega es mas bien el
concepto de areté,
que se remonta a los tiempos más antiguos. La palabra “virtud”, en su sentido no
atenuado por la moral, es decir, como expresión del mas alto ideal caballeresco
unido a una conducta cortesana y selecta y el heroísmo guerrero, expresaría
acaso el sentido de la palabra griega areté.
Este hecho nos muestra ya, donde debemos buscar su origen. Su raíz se halla en las concepciones
fundamentales de la nobleza caballeresca.
En el concepto de la “areté” se concentra el ideal educador de
este período en su forma más pura.
5.El más antiguo testimonio de la antigua cultura aristocrática es
Homero, en sus dos obras la Ilíada y la Odisea. Es al mismo tiempo la fuente histórica de la
vida de aquel tiempo y la expresión poética permanente de sus ideales.
El concepto de areté es usado con frecuencia por Homero, en su más amplio sentido, no solo para
designar la excelencia humana, sino también la superioridad de seres no
humanos, como la fuerza de los dioses o el valor y la rapidez de los caballos
nobles. El hombre ordinario en cambio
no tiene areté,
y si el esclavo procede de una raza de alta estirpe, le quita Zeus la mitad de
su areté,
y ya no es el mismo que era. La areté es
el atributo propio de la nobleza. Los
griegos siempre consideraron la destreza y la fuerza física como el supuesto
evidente de toda posición dominante. Señorío
y areté
están unidos.
6.Solo alguna vez, en los últimos libros, entiende Homero por areté
las cualidades morales o espirituales.
En general designa, de acuerdo con la modalidad de pensamiento de los
tiempos primitivos, la fuerza y la destreza de los guerreros o de los
luchadores, y ante todo el valor heroico considerado no en nuestro sentido de
la acción moral y separada de la fuerza, sino íntimamente unido.
Este concepto de areté, que denota bravura, valor en la
guerra, también significa habilidad, astucia.
No tiene nunca el sentido que tendrá posteriormente de “bueno”, como
tampoco de una virtud moral.
De todos modos el concepto de arete, tiene en Homero un sentido más
general que el de significación guerrera.
Designa al hombre de calidad,
para el cual, lo mismo en la vida privada que en la guerra, rigen determinadas
normas de conducta, ajenas al común de los hombres. Así, el código de la nobleza caballeresca tiene influencia en la educación
griega.
La ética posterior de la ciudad heredó de ella, como una de las más
altas virtudes, la exigencia del valor, cuya ulterior designación, “hombría”,
recuerda de un modo claro la identificación homérica del valor con la areté
humana.
7.Caracteristica esencial del noble es en Homero el sentido del
deber. Se le aplica una medida rigurosa
y tiene el orgullo de ello. La fuerza
educadora de la nobleza se halla en el hecho de despertar el sentimiento del
deber frente al ideal, que se sitúa así siempre ante los ojos de los individuos. A este sentimiento puede apelar cualquiera.
Su violación despierta en los demás el sentimiento de la némesis estrechamente
vinculado a aquel. Ambos son en Homero,
conceptos constitutivos del ideal ético de la aristocracia. El orgullo de la nobleza, fundado en una
larga serie de progenitores ilustres, se halla acompañado del conocimiento de
que esta preeminencia sólo puede ser conservada mediante las virtudes por las
cuales ha sido conquistada. El nombre
de aristoi
conviene a un grupo numeroso. Pero, en
este grupo, que se levanta por encima de la masa, hay una lucha para aspirar al
premio de la areté. LA lucha y la
victoria son el concepto caballeresco de la verdadera prueba de fuego de la
virtud humana. No significan
simplemente la victoria física del adversario sino el mandamiento de la areté
conquistada en el rudo dominio de la naturaleza. La palabra aristeia, empleada mas tarde para los
combates singulares de los grandes héroes épicos, corresponde plenamente a
aquella comprensión. Su esfuerzo y su
vida entera son una lucha incesante por la supremacía entre sus pares, una carrera
para alcanzar el primer premio. De ahí el
goce inagotable en la narración poética
de tales aristeiai. Incluso en la paz se muestra el placer de la
lucha, ocasión de manifestarse en pruebas y juegos de varonil areté.
Es así en la Ilíada, cuando se ofrecen torneos de valor
en honor de Patrocolo, ya muerto.
Cuando Glauco se enfrenta con Diómenes en el campo de batalla y quiere
mostrarse como su digno adversario, enumera, a la manera de Homero, a sus
ilustres antepasados y continúa: “Hipóloco me engendró, de él tengo mi prosapia. Cuando me mandó a Troya me advirtió con
insistencias que luchara siempre para alcanzar el precio de la más alta virtud
humana y que fuera siempre, entre todos, el primero”.
8.En otro respecto es también la Ilíada testimonio de la alta conciencia
educadora de la nobleza griega primitiva.
Muestra como el viejo concepto griego de la areté no era suficiente para
los poetas nuevos, sino que traía una nueva imagen del hombre perfecto para la
cual, al lado de la acción, estaba la nobleza del espíritu, y sólo en la unión
de ambas se hallaba el verdadero fin. Y
este ideal es expresado por el viejo Fénix, el educador de Aquiles, héroe
prototipo de los griegos. En una hora
decisiva recuerda al joven el fin para el cual ha sido educado: “Para ambas
cosas, para pronunciar palabras y para realizar acciones”.
9.No en vano los griegos posteriores ya en estos versos vieron la más
vieja formulación del ideal griego de educación, en su esfuerzo por abrazar lo
humano en su totalidad. Fue a menudo
citado, en un período de cultura refinada y retórica, para elogiar la alegría
de la acción de los tiempos heroicos y oponerla al presente, pobre en actos y
rico en palabras. Pero puede ser citado
también a la inversa, para demostrar la prestancia espiritual de la antigua
cultura aristocrática. El dominio de la
palabra significa la soberanía del espíritu.
10.Intimamente vinculada con la areté se halla el honor. En los primeros tiempos era inseparable de
la habilidad y el mérito. Según la
bella explicación de Aristóteles, el honor es la expresión natural de la idea
todavía no consciente para llegar al ideal de la areté, al cual aspira. “Es notorio que los hombres aspiran al honor
para asegurar su propio valor, su areté.
Aspiran así a ser honrados por las gentes juiciosas que los conocen y a
causa de u propio y real valer. Así
reconocen el valor mismo como lo más alto”.
Mientras el pensamiento filosófico posterior sitúa la medida en la
propia intimidad, el hombre homérico adquiere exclusivamente conciencia de su
valor por el reconocimiento de la sociedad a que pertenece. Era un producto de su clase y mide su propia
areté
por la opinión que merece a sus semejantes.
El hombre filosófico de los tiempos posteriores puede prescindir del
reconocimiento exterior, aunque –de acuerdo también con Aristóteles- no puede
serle del todo indiferente.
11. Para Homero, y el mundo de la nobleza de su tiempo la negación del
honor era, en cambio, la mayor tragedia humana. Los héroes se trataban entre sí con constante respeto y
honra. En ello descansaba el orden
entero. Es natural que los más grandes
héroes y los príncipes demanden un
honor cada vez mas alto. Nadie teme en
la Antigüedad reclamar el honor debido a un servicio prestado. La exigencia de recompensa es para ellos un
punto de vista subalterno y en modo alguno decisivo. El elogio y la reprobación son la fuente del honor y el
deshonor. Pero el elogio y la censura
fueron considerados por la ética filosófica de los tiempos posteriores como el
hecho fundamental de la vida social, mediante el cual se manifiesta la
existencia de una medida de valor en la comunidad de los hombres. Es difícil, para un hombre moderno,
representarse la absoluta publicidad de la conciencia entre los griegos. Entre los griegos no hay concepto alguno
parecido a nuestra conciencia personal.
Sin embargo la presuposición de este hecho es lo que hace difícil
representarnos el concepto de honor y su significación en la Antigüedad. El afán de distinguirse y la aspiración al
honor y a la aprobación aparecen al sentimiento cristiano como vanidad
pecaminosa de la persona. Los griegos
vieron en ella la aspiración de la persona a
lo ideal y sobrenatural, donde el valor empieza. En cierto modo es posible afirmar que la areté
heroica se perfecciona sólo con la muerte física del héroe. Se halla en el hombre mortal, pero se
perfecciona en su fama, es decir, en la imagen de su areté, aún después de la
muerte, tal como le acompañó y dirigió en la vida. Los dioses reclaman su honor y se complacen en el culto que glorifica
sus hechos y castigan celosamente toda violación de su honor. Los dioses de Homero son, por decirlo así,
una sociedad inmortal de nobles. La
esencia de la piedad y del culto griego se expresan en el hecho de honrar a la
divinidad. Ser piadoso significa “honrar
lo divino”. Honrar a los dioses y a los
hombres por causa de su areté es propio del hombre antiguo.
12.Asi se comprende el trágico conflicto de Aquiles en la Ilíada. Su indignación contra los griegos y su
negativa a prestarles ayuda no procede de una ambición individual excesiva. La grandeza de su afán de honra corresponde
a la grandeza del héroe y es natural a los ojos del griego. Ofendido este héroe en su honor se conmueve
en sus mismos fundamentos la alianza de los héroes aqueos contra Troya. Quien atenta a la areté ajena pierde el
sentido mismo de la areté.
El otro ejemplo es el de Áyax, el más grande de los héroes aqueos, después
de Aquiles. Las armas del caído Aquiles
son otorgadas a Odiseo a pesar de los merecimientos superiores de aquel, la tragedia de Áyax termina en la locura y
el suicidio. La cólera de Aquiles
pone al ejercito griego al borde del abismo.
Es un problema grave para Homero si es posible reparar el honor
ofendido. Si bien Fénix, aconseja a
Aquiles que acepte el presente de Agamemnón, como signo de reconciliación a
causa de la aflicción de sus compañeros.
Pero que el Aquiles de la tradición originaria no rechaza la
reconciliación por terquedad solamente, lo vemos así en el ejemplo de Áyax que,
en el infierno, no contesta a las palabras compasivas de su antiguo enemigo y
se vuelve silenciosamente “hacia las otras sombras en el oscuro reino de la
muerte. Tetis, suplica a Zeus. “Ayúdame
y honra a mi hijo, cuya vida heroica fue tan breve. Agamemnón le arrebató el honor.
Hónrale, ¡oh Olimpo!”. Y el mas
alto dios, en atención a Aquiles, permitió que los Aqueos, privados de su
ayuda, sucumbieran en la lucha y reconocieran, así con cuanta injusticia habían
privado de su honor al más grande de los héroes.
13. El afán de honor no es ya considerado por los griegos de los
tiempos posteriores como un concepto meritorio, corresponde mejor a la ambición
tal como nosotros la entendemos. Sin
embargo el pensamiento de Platón y Aristóteles, se apoya en la ética aristocrática
de la Grecia arcaica, en lo referente a al hombre magnánimo.
14. El reconocimiento de la soberbia o de la magnanimidad como una
virtud ética resulta extraño a primera vista para un hombre de nuestro
tiempo. Es mas Aristóteles la coloca
como una virtud aparte, como el ornato de las demás virtudes. Y esto lo comprendemos justamente si
reconocemos que el filósofo ha asignado un lugar a la soberbia areté
de la antigua ética aristocrática en su análisis de la conciencia moral. La soberbia no es, por sí misma, un valor
moral. Es incluso ridícula si no se
halla encuadrada por la plenitud de la areté aquella unidad suprema de todas las excelencias,
tal como lo hacen Platón y Aristóteles sin temor, al usar el concepto de kalokagatía. Pero el pensamiento ético de los grandes filósofos
atenienses permanece fiel a su origen aristocrático al reconocer que la areté
solo puede hallar su verdadera perfección en las almas selectas.
El reconocimiento de la grandeza del alma como la más alta expresión
de la personalidad espiritual y ética se funda en Aristóteles, así como en Homero,
en la dignidad de la areté. “El honor es el premio de la areté;
es el tributo pagado a la destreza”. La
soberbia resulta de la sublimación de la areté. Por eso la soberbia y la magnanimidad
es lo más difícil para el hombre.
15. La signifiacion de la ética aristocrática antigua para la formación
del hombre griego es permanente. A
pesar de todo los cambios, se mantiene siempre la forma que ha recibido de la
antigua ética aristocrática. En este
concepto de areté
se funda el carácter aristocrático del ideal de la educación entre los griegos.
16. Aristóteles muestra el esfuerzo humano hacia la perfección de areté
como producto de un amor propio elevado a su más alta nobleza. Su alta estimación del amor propio, así como
su valoración del anhelo del honor y de la soberbia, proceden del ahondamiento
filosófico lleno de fecundidad de intuiciones fundamentales de la ética
aristocrática. Entiéndase bien que el “yo”
no es el sujeto físico, sino el más alto ideal del hombre que es capaz de
forjar nuestro espíritu y que todo noble aspira a realizar en sí mismo. Solo el mas alto honor a este yo en el cual
se halla implícita la más alta areté es capaz de “apropiarse la belleza”. Aspirar a la belleza y apropiársela
significa no perder ocasión alguna de conquistar el premio de la más alta areté.
17.¿Qué significa para Aristóteles la belleza? Entiende las acciones del mas alto heroísmo
moral. Quien se estima a sí mismo debe
ser infatigable en la defensa de sus amigos, sacrificarse en honor de su
patria, abandonar gustoso dinero, bienes, y honores para “apropiarse la
belleza”. La curiosa frase se repite
con insistencia y ello muestra hasta que punto, para Aristóteles, la más alta
entrega a un ideal es la prueba de un amor propio enaltecido. “Quién se siente impregnado de la propia
estimación preferiría vivir brevemente en el más alto goce que una larga
existencia en indolente reposo; preferiría vivir un año solo por un fin noble,
que una larga vida por nada; preferiría cumplir una sola acción grande y magnífica,
a una serie de pequeñeces insignificantes”.
18.Ene esta palabra se revela el más peculiar y original del
sentimiento de la vida de los griegos: el heroísmo. En él no sentimos especialmente vinculados a ellos. Son al clave para la inteligencia de la
historia griega y para llegar a la comprensión psicológica de esta breve pero
incomparable y magnífica arsiteia.
En la fórmula “apropiarse la belleza”, se halla expresado con claridad
única el intimo motivo de la areté helénica.